¿Por qué?
—¡Amor mío!, la pureza exige su igual y mis ojos se han posado en ti.
—¡Soberbio eres ante quien los lujos y riqueza materiales agobian hasta el hastío!, y ante quien en las lágrimas de la pureza ha llorado más que vos.
—¡Mil perdones, amada mía, que mi intención no era esa!, más todo lo contrario. Torpe soy ante deslumbrante e infranqueable belleza, más aun, ante desmedida nobleza.
—Te comprendo, príncipe bondadoso y agradezco tan bellas reverencias... pero,... perdón por mi ignorancia, desconozco aun el origen de tanta miel que con entusiasmo desbordado recibo departe de vos.
—¡Ante tus ojos no hay secretos!, ¡ante deslumbrante presencia el alma queda desvestida!... ¡te amo hasta las notas más agudas de mi alma, corazón y vida!, atormentados por la indiferencia con que este pobre desdichado es tratado ante cada intento desenfrenado por conquistar el privilegio de tus pensamientos y suspiros... ¡amor mío!, ¿es necesario decir más?
—¡Muda me has dejado!... que no creo una sola letra de lo que he escuchado, porque todas lo han escuchado; anda tu camino en soledad eterna que tú así te lo has buscado.
El príncipe, al dar su mejor esfuerzo, comprendió que al amor de su vida había perdido. En el fondo de su corazón el amor por ella siempre existió.
El príncipe nunca en su existencia obró mal, sino todo lo contrario; la princesa, pura siempre fue. Pero la vida es necia en separar los caminos que juntos debieron andar.
FIN
Saludo de Bienvenida
EL ARTE HACE VISIBLE AL ALMA
domingo, 23 de marzo de 2014
miércoles, 12 de febrero de 2014
Mini cuento.
NO SOY CULPABLE.
—Oye, mi amor, y si
mañana nos paramos a correr, creo que tú nunca has hecho ejercicio, y yo
tampoco; el parque está a media calle, podemos empezar con una o dos vueltas.
—Qué buena idea,
Pedro… oye, pero mañana es domingo y es el único día que tenemos para pararnos
tarde; imagínate, toda la semana de 7 a 7 trabajando y no descansar aunque sea
el domingo, está difícil.
Y nunca hicieron
ejercicio, ni en sus años mozos, porque todo fue cotorreo, diversión y alcohol.
Menos lo iban a hacer ya casados y trabajando, y menos todavía, cuando ella se
embarazó de Adelina.
—Mira, Pedro, qué
hermosa bebé, se llamará Adelina.
—Adelina me gusta,
y también me gustará que cuando crezca sea doctora.
—No, yo quiero que
sea actriz o cantante.
—Oye Mónica, como
que nos estamos adelantando demasiado, demos gracias a Dios que la niña nació
sana; y precisamente, mejor pensemos siempre en su salud antes que otra cosa.
Y si, antes que
pensar en lo que Adelina quiera ser de grande, se propusieron en cuidar de lo
más importante que posee una persona: su salud.
Sin embargo, tal
parece que esa promesa se desvaneció muy rápido.
— Mira Pedro, que
niñota, hasta parece de 10 años.
—Y cómo no, Mónica,
si come a la par de nosotros cuando vamos a atragantarnos a las garnachas.
—Mónica, pues que
come la niña que la veo un poco pasada de peso.
—No, Paty, es una
niña muy sana, come de todo un poco, entre sopes, pambazos, refrescos, dulces.
—¿Le haces chequeos
médicos? ¿practica algún deporte?
—¡Deporte! ¿para
qué? Es una niña sana, no necesita deporte, eso que lo hagan los que van a las
olimpiadas.
Y así transcurrió
la vida de Adelina hasta que entró a la primaria, momento en el que se enfrentó
a una de sus peores pesadillas: la clase de Educación Física; pesadilla que se acentuó
con la herencia de sus padres que nunca practicaron algún deporte, y con la
carga de sus malos hábitos alimenticios.
—Nos falta un
jugador… ¡Adelina! ¿juegas?
—No, no me gusta,
nunca me ha gustado.
Y no es que nunca
le haya gustado, no puede decir eso puesto que jamás ha realizado algún
deporte. Adelina no ha tenido quién le inculque el sano hábito del ejercicio.
Si alguien logra motivarla a que lo realice, ya nunca más podrá dejarlo, puesto
que al sentir en su organismo y mente los beneficios que trae consigo el
ejercicio, no es posible ya dejarlo de lado.
—Oiga, doña Mónica,
¿Y que le van a traer los Reyes a Adelina?
—Le encantan los
jueguitos electrónicos, les va a pedir la consola XBOX; en su cumpleaños le compramos
una tablet.
—¿Y eso cómo se
juega o qué hace?
—Ay, doña Liz, esos
son jueguitos electrónicos que entretienen mucho a las niñas y los niños de
hoy. Si quiere usted tenerlos entretenidos y que no le den guerra, cómpreles
esos jueguitos, aunque sea en el empeño.
—Ay no, como cree,
eso nada más les enajena la mente y los hace flojos y pasivos, yo prefiero que
mis hijos realicen alguna actividad física en sus ratos libres, en vez de que
se la pasen aplastados frente a la tele.
—¡Qué pasó doña
Liz, mi hija no es floja ni se aplasta!, usa su cerebro para los jueguitos.
—Bueno, está bien
que use su cerebro, ¡¿pero todo el día jugando al XBOX?!, además, también hay
que poner en movimiento el cuerpo.
—Ya párele doña
Liz, que ya me puso a pensar.
Y tan la puso a
pensar, que doña Liz hizo un relampagueante examen de conciencia, y se
horrorizó de ver el estado de obesidad en el que se encontraba Adelina, además
del espanto que le causó pensar en que de seguir con esa vida de flojera y
comida grasosa, podría terminar llena de malestares a una edad temprana.
—¿Y ahora qué te
pico, mi vida?, comentó Pedro.
—¿Por qué la
pregunta?, contestó Mónica.
—No me has dicho a
qué hora vamos por las garnachas, no hay vaso de refresco, no hay dulces;
¡hiciste agua de sabor, hay fruta!.
—Y eso no es todo,
fíjate lo que hay sobre el sillón.
—Tenis, pants,
ahora si te quedaste chiflada. ¿De dónde sacaste el dinero para comprarlo?
—En abonos. No sé
cómo le vamos a hacer, pero desde mañana, dedicaremos tres días a la semana al
ejercicio, la niña, tú y yo.
—¿Yo, mamá?
—Tú naciste para
campeona, y lo vas a ser, en el estudio y en el deporte. Reducirás el tiempo de
la tablet y el XBOX, empezarás a comer sano y yo te voy a querer cada día más.
Mañana te llevó al centro deportivo y me dices si te gusta alguna de las
actividades, y hasta yo me meto a una, y si tu papá se anima, pues adelante.
—¡Cuenten conmigo!,
apuntó Pedro motivadísimo, contagiado del gran entusiasmo de Mónica.
Los niños toman
siempre ejemplo de sus padres.
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