Saludo de Bienvenida

EL ARTE HACE VISIBLE AL ALMA

miércoles, 12 de febrero de 2014

Mini cuento.

NO SOY CULPABLE.

—Oye, mi amor, y si mañana nos paramos a correr, creo que tú nunca has hecho ejercicio, y yo tampoco; el parque está a media calle, podemos empezar con una o dos vueltas.
—Qué buena idea, Pedro… oye, pero mañana es domingo y es el único día que tenemos para pararnos tarde; imagínate, toda la semana de 7 a 7 trabajando y no descansar aunque sea el domingo, está difícil.

Y nunca hicieron ejercicio, ni en sus años mozos, porque todo fue cotorreo, diversión y alcohol. Menos lo iban a hacer ya casados y trabajando, y menos todavía, cuando ella se embarazó de Adelina.

—Mira, Pedro, qué hermosa bebé, se llamará Adelina.
—Adelina me gusta, y también me gustará que cuando crezca sea doctora.
—No, yo quiero que sea actriz o cantante.
—Oye Mónica, como que nos estamos adelantando demasiado, demos gracias a Dios que la niña nació sana; y precisamente, mejor pensemos siempre en su salud antes que otra cosa.

Y si, antes que pensar en lo que Adelina quiera ser de grande, se propusieron en cuidar de lo más importante que posee una persona: su salud.
Sin embargo, tal parece que esa promesa se desvaneció muy rápido.

— Mira Pedro, que niñota, hasta parece de 10 años.
—Y cómo no, Mónica, si come a la par de nosotros cuando vamos a atragantarnos a las garnachas.

—Mónica, pues que come la niña que la veo un poco pasada de peso.
—No, Paty, es una niña muy sana, come de todo un poco, entre sopes, pambazos, refrescos, dulces.
—¿Le haces chequeos médicos? ¿practica algún deporte?
—¡Deporte! ¿para qué? Es una niña sana, no necesita deporte, eso que lo hagan los que van a las olimpiadas.

Y así transcurrió la vida de Adelina hasta que entró a la primaria, momento en el que se enfrentó a una de sus peores pesadillas: la clase de Educación Física; pesadilla que se acentuó con la herencia de sus padres que nunca practicaron algún deporte, y con la carga de sus malos hábitos alimenticios.

—Nos falta un jugador… ¡Adelina! ¿juegas?
—No, no me gusta, nunca me ha gustado.

Y no es que nunca le haya gustado, no puede decir eso puesto que jamás ha realizado algún deporte. Adelina no ha tenido quién le inculque el sano hábito del ejercicio. Si alguien logra motivarla a que lo realice, ya nunca más podrá dejarlo, puesto que al sentir en su organismo y mente los beneficios que trae consigo el ejercicio, no es posible ya dejarlo de lado.

—Oiga, doña Mónica, ¿Y que le van a traer los Reyes a Adelina?
—Le encantan los jueguitos electrónicos, les va a pedir la consola XBOX; en su cumpleaños le compramos una tablet.
—¿Y eso cómo se juega o qué hace?
—Ay, doña Liz, esos son jueguitos electrónicos que entretienen mucho a las niñas y los niños de hoy. Si quiere usted tenerlos entretenidos y que no le den guerra, cómpreles esos jueguitos, aunque sea en el empeño.
—Ay no, como cree, eso nada más les enajena la mente y los hace flojos y pasivos, yo prefiero que mis hijos realicen alguna actividad física en sus ratos libres, en vez de que se la pasen aplastados frente a la tele.
—¡Qué pasó doña Liz, mi hija no es floja ni se aplasta!, usa su cerebro para los jueguitos.
—Bueno, está bien que use su cerebro, ¡¿pero todo el día jugando al XBOX?!, además, también hay que poner en movimiento el cuerpo.
—Ya párele doña Liz, que ya me puso a pensar.

Y tan la puso a pensar, que doña Liz hizo un relampagueante examen de conciencia, y se horrorizó de ver el estado de obesidad en el que se encontraba Adelina, además del espanto que le causó pensar en que de seguir con esa vida de flojera y comida grasosa, podría terminar llena de malestares a una edad temprana.

—¿Y ahora qué te pico, mi vida?, comentó Pedro.
—¿Por qué la pregunta?, contestó Mónica.
—No me has dicho a qué hora vamos por las garnachas, no hay vaso de refresco, no hay dulces; ¡hiciste agua de sabor, hay fruta!.
—Y eso no es todo, fíjate lo que hay sobre el sillón.
—Tenis, pants, ahora si te quedaste chiflada. ¿De dónde sacaste el dinero para comprarlo?
—En abonos. No sé cómo le vamos a hacer, pero desde mañana, dedicaremos tres días a la semana al ejercicio, la niña, tú y yo.
—¿Yo, mamá?
—Tú naciste para campeona, y lo vas a ser, en el estudio y en el deporte. Reducirás el tiempo de la tablet y el XBOX, empezarás a comer sano y yo te voy a querer cada día más. Mañana te llevó al centro deportivo y me dices si te gusta alguna de las actividades, y hasta yo me meto a una, y si tu papá se anima, pues adelante.
—¡Cuenten conmigo!, apuntó Pedro motivadísimo, contagiado del gran entusiasmo de Mónica.


Los niños toman siempre ejemplo de sus padres.